¿Lactancia Materna o Biberón?

En un principio nunca tuve claro si queria darle pecho a mi bebé o si por el contrario quería darle biberón. Poco a poco, empecé a leer y a buscar información acerca del embarazo y de los bebés y llegué a la conclusión de que si podía, quería darle el pecho a mi bebé, pues en todos los sitios y especialistas decían que era mucho mejor y claro, yo quería lo mejor para mi pequeñín.

 

Pasaron las semanas….

 

El embarazo fue avanzando y comencé las clases de preparación al parto. ¡Ahí sí que me acabó de quedar claro! Siempre contaban los beneficios de la leche materna, de la lactancia…. ¡Como para no dar el pecho! No había excusa que valiera y siempre nos indicaban que si hacíamos las cosas bien, no tendriamos problemas de subida de leches, calidad y amamantar a nuestro bebé.

 

Empezaron los miedos e inseguridades….

Las semanas pasaron y a mi me comenzarón a invadir las dudas, los miedos y las inseguridades.  Me preguntaba, ¿y si no me sube la leche? ¿y si no es buena la leche? ¿y si no se agarra bien el peque? ¿y si pasa hambre mi bebé? ¿y si me salen heridas, grietas? ¿y si no soporto el dolor? Además, habia un factor importante que me preocupaba muchisimo. Todos los expertos decían que como minimo habia que darle pecho al bebé durante 6 meses. Lo cual, siendo mama trabajadora y teniendo que volver a las 16 semanas a trabajar no era viable ya que tendria que destetarlo antes de tiempo y las tomas se reducirían a una . Siendo en la mayoría de casos la última nocturna. Vamos, lo que en principio me parecía tan bonito, comenzó a preocuparme e incluso atormentarme. Y es que, el tema de la lactancia es complejo y delicado y todos opinan: la pareja, la madre, el pediatra, las amigas, otras embarazadas….. Grupos de presión que lo único que hacían era provocarme más inseguridad.

 

Y llego el momento clave….

 

Por fin llegó el día y nació mi hijo, vino de forma inesperada y todo fue muy rápido. En realidad, no fui consciente que estaba de parto hasta que llegamos al hospital. Por suerte, llegamos a tiempo.  Entré de urgencias y a pesar de algún reproche de haber esperado demasiado por parte de los especialistas, la cesarea fue bien, sin complicaciones y mi bebé nació sano y salvo. Enseguida me pusieron a mi bebé encima y tuvimos nuestro momento piel con piel.  Fue más de una hora y lo recuerdo como el momento más especial y unico de mi vida. Me quedé embobada mirando a mi bebé, pensando en el milagro de la vida, lo afortunada que era de tener lo mejor de mi vida entre mis brazos, contra mi pecho y mi corazón. Sólo pensaba en eso y que quería lo mejor para mi bebé.

Gracias a ese momento y que posteriormente no tuviera subida de leche, hizo que todo lo viera con mayor perspectiva y claridad.  Quería prolongar ese momento de paz, tranquilidad y felicidad que era lo que sabía que necesitaba mi pequeñin, pero también lo que necesitaba yo.  Ser una madre tranquila, feliz y sana. Al final, lo más importante era que el comiera, viniera de donde viniera la leche. Y así fue, como decidí que la mejor opción para nosotros y nuestra situación era darle biberón.

 

Reflexión….

 

Desde entonces, mi bebé ha crecido sano, tranquilo y feliz. Nunca ha tenido perdidas de peso, todo lo contrario. Cada semana subia y en muy poco tiempo se puso en percentiles superiores. En definitiva, me he dado cuenta que la maternidad es mucho más que dar el pecho.  Es dedicación, amor, cuidado, protección, actitudes que nos van a acompañar siempre. Es cierto que la lactancia materna tiene muchos beneficios y ojalá hubiera sido capaz de ello. Igual, ahora con mi experiencia y mucha más información, lo haría diferente.

No me arrepiento de no haber probado o insistido en algo que no me sentía cómoda. Tampoco creo que sea mejor o peor madre. Pero si creo que los vínculos entre madre e hijo se pueden estrechar perfectamente sin dar de mamar, no escatimando en besos y caricias al bañarlo o cambiarlo, cogiendolo en brazos cuando llore o cada vez que nos apetezca abrazarlo, dejando que se duerma sobre nuestro pecho escuchando el latido del corazón, portear a nuestro bebé durante largos paseos, jugar con él, dedicarle tiempo de calidad, hablarle dulcemente y darle mucho mucho amor del bueno.

 

Quizá os preguntéis porque os cuento esto, pues bien, lo cuento porque me hubiera gustado que alguien me lo hubiera contado cuando estaba embarazada. O al menos, escuchar que no pasa nada si por cualquier motivo como madre decides no dar pecho a tu bebé.  Que no porque no seamos madres lactantes estamos fallando y fracasando como madres.  Que la lactancia materna es una experiencia maravillosa pero también es dura. Hay que ser realistas y tener claro que por mucho insistir, hay veces que no se puede y hay que asumirlo. Y, que a pesar de todo, sea como sea, las madres siempre a su manera lo hacemos lo mejor que podemos.

 

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